¿Sabías que esto podía pasar?
El rostro tiene un área triangular llamada el triángulo de la muerte llena de arterias y vasos venosos. Este área comienza en el entrezejo y llega hasta la parti superior de los labios. Se utiliza el nombre de triángulo de la muerte porque esta zona alberga numerosos vasos sanguíneos que conectan con la parte posterior de la cabeza. Allí se cruzan con los nervios cerebrales.
Al arrancar un vello de la nariz puedes dañar alguna de estos vasos sanguíneos y, así, dejar el folículo expuesto a microbios y enfermedades peligrosas. Esto puede causar la aparición de un absceso, dejándote expuesto a todo tipo de gérmenes tales como la mabe que puede comerse tu cerebro progresivamente.
En esta parte del rostro está muy desarrollado el flujo sanguíneo. La infección que se produce en este triángulo nasolabial, podría dar como resultado enfermedades inflamatorias que pueden penetrar facilmente en los senos cavernosos cerebrales.
En otras palabras, si algún germen tiene facilidad para entrar en tu nariz y trasportarte hasta tu cerebro, podría perjudicarte crearndo una infección en tu cerebro, y esto pordría provocarte hasta, en el peor de los casos, la muerte.
Lo mejor es cortarse los vellos, no arrancarlos.
Aún así, ten en cuenta, que los vellos de la nariz tienen una función muy importante, ya que sirven como filtro para olores, polvo y demás particulas. Así que no es bueno desacerse de los vellos nasales. y mucho menos los que están situados al fondo de la cavidad nasal, puesto que corres el riesgo de lastimarte.
Si te parece que es anti-estético rebaja unicamente los que sobresalen de la nariz y si te hacer una herida, visita a tu médico.
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LA VERDAD SOBRE EL MISTERIOSO ÁRBOL DE LA MUERTE
Uno solo de sus frutos puede matar a 20 personas!
Dicen que cuando llegaron los conquistadores, varios se intoxicaron al comer sus frutos.
Dicen que los indígenas usaban el árbol como castigo, amarrando a la persona a su tronco y dejándola ahí para que cuando lloviera sufriera.
Dicen que además los nativos envenenaban sus flechas con su savia.
De hecho dicen que fue la razón de la muerte del español Juan Ponce de León, el primer gobernador de Puerto Rico, quien recibió un flechazo en una batalla cuando quiso conquistar la costa de Florida en 1521.
Que eso haya sucedido es difícil de comprobar, sin embargo, todo lo que se dice del árbol de la muerte es cierto.
El temido árbol crece en paisajes idílicos y puede alcanzar alturas imponentes.
Sus ramas a veces reposan sobre la arena y te invitan a descansar sobre ellas. O si están altas, te llaman a protegerte de la lluvia o el sol bajo su sombra.
Sus raíces se entierran en la arena y sus troncos a veces son el destino de las olas del mar.
Sus frutos, muy parecidos a las manzanas, son aromáticos, dulces y sabrosos.
Sin embargo, es una de las especies más intocables, y tiene el dudoso honor de estar registrado en el Libro Guinness de los récords como el árbol más peligroso del mundo.
Como su nombre dice
Hippomane mancinella.
Ese es su nombre científico.
Según el Instituto de Ciencias de Alimentos y Agricultura de Florida, Hippomane viene de las palabras griegas hippo, que significa caballo, y mane se deriva de manía, o locura.
El filósofo griego Teofrasto (371a.C.-287a.C.) nombró así a una planta nativa de Grecia tras determinar que los caballos se volvían locos después de comérsela. Y el padre de la taxonomía moderna, el sueco Carl Linneo, le dio el mismo nombre al nocivo árbol de América.
Más precisamente, al árbol nativo de Mesoamérica y las islas del Mar Caribe, que crece en las costas desde Florida, EE.UU., hasta Colombia, y en algunos lugares está marcado con cruces rojas o placas de alerta.
Manzanilla de la muerte
Ese es uno de sus nombres comunes, los que usan quienes viven con ellos.
También es conocido como Manzanilla de la arena y Manzanilla de playa, aunque el árbol de la muerte es quizás el apelativo que más describe su realidad.
Su savia lechosa contiene el potente irritante de forbol.
Con sólo rozarlo al pasar, tu piel puede quedar horriblemente escaldada.
Refugiarse bajo sus ramas durante una lluvia tropical también puede ser desastroso, pues hasta la savia diluida puede causar una erupción cutánea extrema.
Quemar estos árboles también es mala idea. El humo te puede cegar temporalmente y causarte serios problemas respiratorios.
Pero a pesar de que los efectos son desagradables, el contacto de la piel con este árbol tropical no es fatal.
La amenaza real viene su pequeña fruta redonda, pues comérsela puede causar vómitos y diarrea tan severos que deshidratan el cuerpo hasta el punto de no retorno. ¿Tanto así?
Alguien que experimentó eso en carne propia fue la radióloga británica Nicola Strickland, quien en 1999 se fue con una amiga a pasar sus vacaciones soñadas en la isla caribeña de Tobago.
Como buena científica, describió lo que le ocurrió en el British Medical Journal, para que otros científicos estuvieran al tanto de ese grave peligro potencial.
Empieza contando como una mañana "encontramos una de esas idílicas playas desérticas... arena blanca, palmeras bamboleándose, el mar color turquesa"
Ahí vio las verdes frutas verdes "que aparentemente habían caído de un árbol grande de tronco plateado".
"Mordí la fruta y me supo agradablemente dulce. Mi amiga también lo hizo. Momentos más tarde notamos un extraño sabor picante en nuestra boca, que progresó gradualmente a una sensación de ardor y desgarro, y una opresión en la garganta".
"Los síntomas empeoraron durante las dos horas siguientes hasta que a duras penas podíamos tragar alimentos sólidos pues el dolor era insoportable y por la sensación de un gran nudo que nos obstruía la garganta".
Por suerte para ellas, a punta de piñas coladas y leche, 8 horas más tarde los síntomas orales empezaron a mermar, pero los ganglios linfáticos cervicales se volvieron muy sensibles.
"Nuestra experiencia provocó un franco terror e incredulidad entre los locales. Tal es la reputación del veneno de la fruta", señala la radióloga. "Una sola manzanita mata a 20 personas"
Historias como ésta, por supuesto, no son nuevas.
John Esquemeling, autor de uno de los más importantes libros de consulta sobre la piratería en el siglo XVII, "Los bucaneros de América" (1678), escribió sobre su experiencia con "el árbol llamado manzanilla, o árbol de la manzana enana, cuando estuve en La Española (Haití/República Dominicana)".
"Un día, cuando estaba extremadamente atormentado por los mosquitos y jejenes, y aún ignorante sobre la naturaleza de este árbol, corté una rama para que me sirviera de abanico, pero se me hinchó y se me llenó de ampollas toda la cara, como si me hubiera quemado, a tal grado que estuve ciego por tres días".
Y el viernes, 16 de septiembre de 1774, Nicholas Cresswell, cuyo diario sobre sus días en las colonias británicas en América pasó a la historia, escribió :
"La manzanilla tiene el aroma y apariencia de una manzana inglesa, pero pequeña, crece en árboles grandes, generalmente a lo largo de la costa marítima. Están repletas de veneno. Me han dicho que una sola manzana es suficiente para matar a 20 personas".
"La naturaleza del veneno es tan maligna que una sola gota de lluvia o rocío que caiga del árbol en tu piel inmediatamente causará una ampolla.
"Ni la fruta ni la madera son de uso, hasta donde sé". Peligroso, pero útil
Sorpresivamente quizás, el árbol sí tiene sus usos, que recoge el Instituto de Ciencias de la Agricultura y Alimentos de Florida.
Madera
El manzanillo de la playa ha sido usado para hacer muebles desde la época colonial.
Se cree que su venenosa savia se neutraliza secándola al sol. Sin embargo, quienes manipulan la madera recién cortada deben ser cuidadosos.
Savia
Los nativos cubrían sus flechas con el veneno cuando iban a cazar.
Corteza y frutas
Hay documentos que muestran que la goma de la corteza ha sido usada para tratar enfermedades venéreas e hidropesía en Jamaica, y las frutas secas, como diuréticos. La peligrosa, en peligro
En Florida, el manzanillo de la muerte está en peligro de extinción.
Dicen que cuando llegaron los conquistadores, varios se intoxicaron al comer sus frutos.
Dicen que los indígenas usaban el árbol como castigo, amarrando a la persona a su tronco y dejándola ahí para que cuando lloviera sufriera.
Dicen que además los nativos envenenaban sus flechas con su savia.
De hecho dicen que fue la razón de la muerte del español Juan Ponce de León, el primer gobernador de Puerto Rico, quien recibió un flechazo en una batalla cuando quiso conquistar la costa de Florida en 1521.
Que eso haya sucedido es difícil de comprobar, sin embargo, todo lo que se dice del árbol de la muerte es cierto.
El temido árbol crece en paisajes idílicos y puede alcanzar alturas imponentes.
Sus ramas a veces reposan sobre la arena y te invitan a descansar sobre ellas. O si están altas, te llaman a protegerte de la lluvia o el sol bajo su sombra.
Sus raíces se entierran en la arena y sus troncos a veces son el destino de las olas del mar.
Sus frutos, muy parecidos a las manzanas, son aromáticos, dulces y sabrosos.
Sin embargo, es una de las especies más intocables, y tiene el dudoso honor de estar registrado en el Libro Guinness de los récords como el árbol más peligroso del mundo.
Como su nombre dice
Hippomane mancinella.
Ese es su nombre científico.
Según el Instituto de Ciencias de Alimentos y Agricultura de Florida, Hippomane viene de las palabras griegas hippo, que significa caballo, y mane se deriva de manía, o locura.
El filósofo griego Teofrasto (371a.C.-287a.C.) nombró así a una planta nativa de Grecia tras determinar que los caballos se volvían locos después de comérsela. Y el padre de la taxonomía moderna, el sueco Carl Linneo, le dio el mismo nombre al nocivo árbol de América.
Más precisamente, al árbol nativo de Mesoamérica y las islas del Mar Caribe, que crece en las costas desde Florida, EE.UU., hasta Colombia, y en algunos lugares está marcado con cruces rojas o placas de alerta.
Manzanilla de la muerte
Ese es uno de sus nombres comunes, los que usan quienes viven con ellos.
También es conocido como Manzanilla de la arena y Manzanilla de playa, aunque el árbol de la muerte es quizás el apelativo que más describe su realidad.
Su savia lechosa contiene el potente irritante de forbol.
Con sólo rozarlo al pasar, tu piel puede quedar horriblemente escaldada.
Refugiarse bajo sus ramas durante una lluvia tropical también puede ser desastroso, pues hasta la savia diluida puede causar una erupción cutánea extrema.
Quemar estos árboles también es mala idea. El humo te puede cegar temporalmente y causarte serios problemas respiratorios.
Pero a pesar de que los efectos son desagradables, el contacto de la piel con este árbol tropical no es fatal.
La amenaza real viene su pequeña fruta redonda, pues comérsela puede causar vómitos y diarrea tan severos que deshidratan el cuerpo hasta el punto de no retorno. ¿Tanto así?
Alguien que experimentó eso en carne propia fue la radióloga británica Nicola Strickland, quien en 1999 se fue con una amiga a pasar sus vacaciones soñadas en la isla caribeña de Tobago.
Como buena científica, describió lo que le ocurrió en el British Medical Journal, para que otros científicos estuvieran al tanto de ese grave peligro potencial.
Empieza contando como una mañana "encontramos una de esas idílicas playas desérticas... arena blanca, palmeras bamboleándose, el mar color turquesa"
Ahí vio las verdes frutas verdes "que aparentemente habían caído de un árbol grande de tronco plateado".
"Mordí la fruta y me supo agradablemente dulce. Mi amiga también lo hizo. Momentos más tarde notamos un extraño sabor picante en nuestra boca, que progresó gradualmente a una sensación de ardor y desgarro, y una opresión en la garganta".
"Los síntomas empeoraron durante las dos horas siguientes hasta que a duras penas podíamos tragar alimentos sólidos pues el dolor era insoportable y por la sensación de un gran nudo que nos obstruía la garganta".
Por suerte para ellas, a punta de piñas coladas y leche, 8 horas más tarde los síntomas orales empezaron a mermar, pero los ganglios linfáticos cervicales se volvieron muy sensibles.
"Nuestra experiencia provocó un franco terror e incredulidad entre los locales. Tal es la reputación del veneno de la fruta", señala la radióloga. "Una sola manzanita mata a 20 personas"
Historias como ésta, por supuesto, no son nuevas.
John Esquemeling, autor de uno de los más importantes libros de consulta sobre la piratería en el siglo XVII, "Los bucaneros de América" (1678), escribió sobre su experiencia con "el árbol llamado manzanilla, o árbol de la manzana enana, cuando estuve en La Española (Haití/República Dominicana)".
"Un día, cuando estaba extremadamente atormentado por los mosquitos y jejenes, y aún ignorante sobre la naturaleza de este árbol, corté una rama para que me sirviera de abanico, pero se me hinchó y se me llenó de ampollas toda la cara, como si me hubiera quemado, a tal grado que estuve ciego por tres días".
Y el viernes, 16 de septiembre de 1774, Nicholas Cresswell, cuyo diario sobre sus días en las colonias británicas en América pasó a la historia, escribió :
"La manzanilla tiene el aroma y apariencia de una manzana inglesa, pero pequeña, crece en árboles grandes, generalmente a lo largo de la costa marítima. Están repletas de veneno. Me han dicho que una sola manzana es suficiente para matar a 20 personas".
"La naturaleza del veneno es tan maligna que una sola gota de lluvia o rocío que caiga del árbol en tu piel inmediatamente causará una ampolla.
"Ni la fruta ni la madera son de uso, hasta donde sé". Peligroso, pero útil
Sorpresivamente quizás, el árbol sí tiene sus usos, que recoge el Instituto de Ciencias de la Agricultura y Alimentos de Florida.
Madera
El manzanillo de la playa ha sido usado para hacer muebles desde la época colonial.
Se cree que su venenosa savia se neutraliza secándola al sol. Sin embargo, quienes manipulan la madera recién cortada deben ser cuidadosos.
Savia
Los nativos cubrían sus flechas con el veneno cuando iban a cazar.
Corteza y frutas
Hay documentos que muestran que la goma de la corteza ha sido usada para tratar enfermedades venéreas e hidropesía en Jamaica, y las frutas secas, como diuréticos. La peligrosa, en peligro
En Florida, el manzanillo de la muerte está en peligro de extinción.
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