¿Habitan entre nosotros? ¿Nos manipulan?
Hay una raza que, según las teorías de la conspiración, se esconde entre nosotros: los llamados reptilianos, deseosos de someter a la humanidad.
Reptiloides, hombres lagarto o draconianos. También así son conocidos los reptilianos, humanoides con aspecto de reptiles que, a juicio de muchos, están entre nosotros desde hace muchos años, tomando decisiones importantes a nivel político e inmiscuyéndose de manera secreta en asuntos desconocidos para la mayoría de nosotros. Durante muchos años han formado parte de teorías conspirativas, materia de ufología y sucesos paranormales. ¿Pero de dónde data su origen y qué hacen entre nosotros estos seres que provienen de otro planeta y se han asentado en éste desde siglos atrás? Todas las respuestas en las siguientes líneas.
Diversas culturas de la antigüedad como la india o la griega ya contaban con leyendas sobre la presencia de figuras con aspecto de reptil o los sumerios que creían en una raza extraterrestre conocida como anunnaki que supuestamente manipuló su ADN y el humano para crear una raza híbrida, que serían los draconianos.
El origen de esta teoría conspirativa se expandió a nivel mundial con los escritos del británico David Icke, autor con decenas de libros y artículos en su haber donde relata hechos de carácter sobrenatural relacionados con teorías que involucran a poderosas sectas secretas con deseos de dominar el mundo. Icke sospecha que esta raza lleva habitando la Tierra desde hace muchos siglos, acechando a los humanos para someterlos a su voluntad.
Gracias a su capacidad de mutar de su forma natural a la humana han podido infiltrarse entre nosotros y adoptar un papel dominante en la sociedad. Se cree que la misión de los reptilianos en la Tierra es dominar a la humanidad y convertirla en su raza esclava. Provienen del sistema solar conocido como Alfa Draconis y la mayoría de sus miembros habitan en una gigantesca red subterránea de cuevas.
Esta teoría afirma que muchas figuras del espectáculo y la política, así como grupos secretos, como los masones y los Illuminati, están bajo el cobijo de los reptilianos. Artistas como Madonna, Justin Bieber, Lady Gaga, Tom Hanks y políticos como la Reina de Inglaterra, Bill Clinton, la familia Bush o el expresidente de los Estados Unidos Barack Obama estarían entre sus filas. Se dice que el linaje de los reptilianos inmiscuidos en la política del mundo data de más de 40 generaciones de presidentes de los Estados Unidos, así como reyes sumerios, faraones y primeros ministros británicos y canadienses. Asimismo los reptilianos también tienen ingerencia en los principales medios de comunicación del mundo, y en instituciones de alta relevancia como la CIA o la ONU.
Otra teoría dice que los reptilianos en realidad surgieron en la Tierra y que son una raza que evolucionó a partir de los dinosaurios, en específico el Troodon o Stenonychosaurus, dinosaurios pequeños que medían unos dos metros de largo, caminaban semierguidos, sus ojos estaban colocados de manera frontal y tenían visión binocular.
A los reptilianos se les achacan acontecimientos como el Holocausto o el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York de 2001. Todo ello llevado a cabo en su afán de conquistar y dominar a los seres humanos.
Diversos hechos médicos han querido demostrar de manera “científica” la cruza de humanos con reptilianos, como la enfermedad conocida como la Ictiosis arlequín, una condición grave en la piel de los recién nacidos que les da un aspecto de arlequín (de ahí su nombre) debido a una apariencia escamosa en la piel. Eso lo han querido usar los teóricos de la conspiración como “prueba” de la cruza entre los hombres lagarto y los humanos.
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UN ASTEROIDE QUE PRODRÍA EXTINGUIR LA RAZA HUMANA
Ya pasó con los dinosaurios!
Un plan para atacar la luna del asteroide Didymos
La NASA y la ESA preparan una misión conjunta que tiene como objetivo alterar levemente la órbita de un asteroide.
Tarde o temprano, un gran asteroide acabará impactando contra la Tierra. Los responsables de las agencias espaciales son bastante claros al respecto. No se trata de saber si ocurrirá o no, sino cuándo sucederá.
Los expertos en ciencias planetarias de la NASA estiman que cada día caen sobre nuestro planeta unas cien toneladas de residuos procedentes de rocas espaciales. En general, se trata de polvo y otras pequeñas partículas, pues la inmensa mayoría de los objetos que nos alcanzan se desintegran en la atmósfera. Pero ¿podríamos hacer algo si detectamos a tiempo que un asteroide realmente peligroso, de esos a los que se denomina “del juicio final”, pone rumbo hacia nosotros?
En esencia, habría dos alternativas. Podríamos intentar destruirlo o desviarlo. La primera opción resulta sumamente compleja, y no hay forma de saber con certeza si tendrá éxito hasta el último momento. Por ello, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han ideado una misión conjunta, denominada Asteroid Impact & Deflection Assessment, que pretende comprobar si con la tecnología disponible podríamos realmente alterar la trayectoria de una de esas rocas. Y han puesto la mira en Didymos, un asteroide de unos ochocientos metros de diámetro alrededor del cual orbita una pequeña luna de 150 metros a la que se conoce coloquialmente como Didymoon.
La iniciativa tiene dos fases: AIM (Asteroid Impact Mission), que depende de la ESA, y DART (Double Asteroid Redirection Test), que está en manos de la NASA. El lanzamiento de la primera está previsto para 2020, y recabará información relevante para la segunda nave, que se enviará en 2021. Un año después, esta última tratará de impactar sobre la superficie del objetivo, Didymoon, y cambiar su velocidad en 0,4 milímetros por segundo.
Parece algo muy pequeño, pero sería suficiente para alterar de forma significativa la forma en que orbitan los dos objetos que integran el sistema Didymos sin apenas modificar su trayectoria conjunta alrededor del Sol. A finales de año, el Consejo de Ministros de la Unión Europea debatirá el asunto y podría dar luz verde al plan.
Un plan para atacar la luna del asteroide Didymos
La NASA y la ESA preparan una misión conjunta que tiene como objetivo alterar levemente la órbita de un asteroide.
Tarde o temprano, un gran asteroide acabará impactando contra la Tierra. Los responsables de las agencias espaciales son bastante claros al respecto. No se trata de saber si ocurrirá o no, sino cuándo sucederá.
Los expertos en ciencias planetarias de la NASA estiman que cada día caen sobre nuestro planeta unas cien toneladas de residuos procedentes de rocas espaciales. En general, se trata de polvo y otras pequeñas partículas, pues la inmensa mayoría de los objetos que nos alcanzan se desintegran en la atmósfera. Pero ¿podríamos hacer algo si detectamos a tiempo que un asteroide realmente peligroso, de esos a los que se denomina “del juicio final”, pone rumbo hacia nosotros?
En esencia, habría dos alternativas. Podríamos intentar destruirlo o desviarlo. La primera opción resulta sumamente compleja, y no hay forma de saber con certeza si tendrá éxito hasta el último momento. Por ello, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han ideado una misión conjunta, denominada Asteroid Impact & Deflection Assessment, que pretende comprobar si con la tecnología disponible podríamos realmente alterar la trayectoria de una de esas rocas. Y han puesto la mira en Didymos, un asteroide de unos ochocientos metros de diámetro alrededor del cual orbita una pequeña luna de 150 metros a la que se conoce coloquialmente como Didymoon.
La iniciativa tiene dos fases: AIM (Asteroid Impact Mission), que depende de la ESA, y DART (Double Asteroid Redirection Test), que está en manos de la NASA. El lanzamiento de la primera está previsto para 2020, y recabará información relevante para la segunda nave, que se enviará en 2021. Un año después, esta última tratará de impactar sobre la superficie del objetivo, Didymoon, y cambiar su velocidad en 0,4 milímetros por segundo.
Parece algo muy pequeño, pero sería suficiente para alterar de forma significativa la forma en que orbitan los dos objetos que integran el sistema Didymos sin apenas modificar su trayectoria conjunta alrededor del Sol. A finales de año, el Consejo de Ministros de la Unión Europea debatirá el asunto y podría dar luz verde al plan.
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