El grupo musical que toca bajo el agua: Aquasonic
Aquasonic, la banda que hace sonar su música bajo el agua
Sumergidos en acuarios, así es como producen sus sonidos estos chicos daneses. 11 años de experimentación han sido necesarios para conseguir tocar en este particular escenario.
Todo comenzó mientras Laila Skovmand, cofundadora del grupo -además de compositora, música y directora artística- investigaba con su voz. Quería trabajar el efecto de cantar sobre una superficie de agua, así que probó a jugar con el sonido cantando sobre un recipiente de agua.
Un par de años más tarde, otro de los integrantes del grupo, Robert Karlsson, experimentaba en un laboratorio de música de artistas europeos a hacer música totalmente sumergido. La curiosidad de ambos les llevó a seguir avanzando en esta dirección y así nació Aquasonic.
Un violín, un arpa, un bongo, un órgano y un gong son algunos de los instrumentos que utilizan para hacer su música. Han tenido que crearlos, no cualquier instrumento es válido, pues deben estar compuestos por materiales aptos para propagar el sonido bajo el agua. Para ello han contado con el asesoramiento de buceadores, científicos, artesanos y fabricantes de EEUU, Cánada, Reino Unido y Dinamarca.
"Algunos de ellos se basan en ideas antiguas, como la rotacorda, un instrumento de cuerda donde una rueda toca las cuerdas para hacerlas sonar o el crystallophone, que suena al girar sus tazones de vidrio" explica Karlsson.
"Es muy difícil tocar música bajo el agua. Pero pienso que esto también genera una gran presencia de los intérpretes. No se puede pensar en otra cosa, y creo que esto es algo que la audiencia puede sentir" continúa Robert Karlsson.
Y efectivamente, escuchar su música produce un efecto hipnótico, lejano y mágico gracias a este elemento que es el agua. No solamente su sonido, si no que visualmente el espectáculo nos regala una gran belleza y delicados movimientos.
Otro de los grandes méritos de Aquasonic es que no utilizan equipos de buceo, los artistas aprovechan entre frases para respirar. Además los tanques en los que se sumergen están también estudiados como si fueran instrumentos, teniendo en cuenta su temperatura y otras cualidades del agua.
"El agua es algo que la humanidad tenemos en común, independientemente de la religión o la cultura, más allá de 'ellos y nosotros'. Lo cual creo que hace que esta actuación se dirija a una gran audiencia, no solo al teatro regular o al visitante de un concierto" cuenta Karlsson.
¿Dispuestos a ser parte de esta gran audiencia y relajaros con los sonidos de agua de los fascinantes Aquasonic?.
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Hacer el capullo: La nueva tendencia para combatir el estrés
Cada vez salen más cosas raras. Como no, esta viene de Japón.
La última tendencia para combatir problemas psicológicos como la tensión, la inseguridad y los miedos nos llega nuevamente de Japón.
Se llama otonamaki, viene a significar “embalar a un ser humano”. Es la versión para adultos del Ohinamaki, un método que se usa para envolver a los recién nacidos en sábanas ajustadas para que descansen mejor y tranquilizarlos.
La técnica consiste en dejarse envolver en una tela fina, en postura fetal, sobre una colchoneta y mirando al techo. A los adultos los envuelven por completo, a los niños les dejan la cabeza fuera con el fin de que no se agobien.
Una vez embalados, debemos permanecer necesariamente inmóviles y en silencio durante 20 minutos. Sus practicantes dicen que es relajante. La idea se le ocurrió a una matrona, Nobuko Watanabe. Se inspiró en el ohinamaki, que es la antigua costumbre de ‘embalar’ a los bebés en sábanas apretadas. La matrona decidió empaquetar a las recién paridas para aliviar sus dolores musculares.
Tras comprobar lo cómodas que se sentían envueltas en postura fetal, la señora Watanabe decidió exitosamente ampliar el público del otonamaki. Quienes lo prueban dicen sentirse mejor tras ser envueltos como crisálidas.
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Se llama otonamaki, viene a significar “embalar a un ser humano”. Es la versión para adultos del Ohinamaki, un método que se usa para envolver a los recién nacidos en sábanas ajustadas para que descansen mejor y tranquilizarlos.
La técnica consiste en dejarse envolver en una tela fina, en postura fetal, sobre una colchoneta y mirando al techo. A los adultos los envuelven por completo, a los niños les dejan la cabeza fuera con el fin de que no se agobien.
Una vez embalados, debemos permanecer necesariamente inmóviles y en silencio durante 20 minutos. Sus practicantes dicen que es relajante. La idea se le ocurrió a una matrona, Nobuko Watanabe. Se inspiró en el ohinamaki, que es la antigua costumbre de ‘embalar’ a los bebés en sábanas apretadas. La matrona decidió empaquetar a las recién paridas para aliviar sus dolores musculares.
Tras comprobar lo cómodas que se sentían envueltas en postura fetal, la señora Watanabe decidió exitosamente ampliar el público del otonamaki. Quienes lo prueban dicen sentirse mejor tras ser envueltos como crisálidas.
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