No se usa ningún tipo de metal ni plástico en su fabricación!
Impresionante invento: la moto hecha de material biológico y biodegradable, robusto y duradera, y sin producir residuos despues de su ciclo de vida.
Como ya se lleva hablando de la particular motocicleta Be.e del productor Van.Eko en diferentes medios dedicados a la movilidad eléctrica, el equipo de Prestige Electric Car ha optado por contactar directamente con su creador Vaniek Colenbrander y así asegurar y verificar toda la información que aquí le proporcionamos.
El proyecto empezó en el año 2007. Vaniek Colembrander estudiaba ingeniería industrial en la Universidad Técnica TUDelf en los Países Bajos cuando entró en contacto con una empresa que estaba explorando el campo de los materiales de base biológica, y su posible aplicación en un vehículo ligero. En un principio la idea se estancó por el elevado precio para conseguir estos materiales tan especiales. Tras pasar unos meses los interesados consiguieron los fondos necesarios para empezar a elaborar el proyecto de la mano de la Universidad InHolland. Con la unión de Vaniek Colembrander, la empresa fabricante del material NaBasCo NPSP (Nebraska Peter Simon Peter) y la empresa de diseñadores WAARMAKERS, se ha podido realizar el proyecto que en breves empezará a funcionar en Holanda.
Este proyecto tiene como meta ofrecer una motocicleta eléctrica 100% ecológica a través de un tipo de motosharing o negocio circular. El usuario podrá elegir entre dos opciones diferentes:
- La primera opción denominada Be.eKeepers en el que el usuario pagará una cuota mensual por la motocicleta eléctrica para su uso de entre 150-200€ (IVA incluido), una cifra aún pendiente de los cálculos reales. El fabricante Van.Eko solo presta la motocicleta, por lo que se podrá devolverla en cualquier momento a la empresa.
- La segunda opción es la denominada WannaBe.e, pensada para trayectos ocasionales a la ciudad o para hacer una pequeña excursión. Es como un sub-alquiler del vehículo alquilado. O sea todos los Be.eKeepers, los usuarios que pagan su cuota mensual, pueden subalquilar el modelo a los WannaBe.e, que son los usuarios ocasionales, y con ello recuperar parte o la totalidad de su cuota de los 150-200 € mensuales. También puede montar un pequeño negocio si lo puede alquilar por más tiempo. La persona que precisa la motocicleta para un trayecto ocasional puede entrar en la web de Van.Eko y ver que Be.eKeeper tiene más cerca, ponerse en contacto con él, establecer una fecha para su uso y la cuota de pagar. Este usuario solo paga por el uso de la motocicleta.
La idea es que se use el máximo tiempo posible la motocicleta. Y como el rentador no es el propietario - el propietario sigue siendo el fabricante – puede devolver la moto en cualquier momento o cambiarla o que la arreglen si tiene el más mínimo fallo o desgaste. O sea todos los riesgos del funcionamiento lo lleva el fabricante, no el cliente. Además, el fabricante Van.Eko intenta ofrecer una motocicleta eléctrica de alta gama al menor coste posible.
Con este enfoque se hace posible el negocio circular (alquiler – subalquiler), ya que los componentes básicos de la motocicleta no se deterioran. Tras una vida útil de unos ocho años las piezas pueden ser devueltas a la planta de producción, reformadas y montadas en otra motocicleta o recicladas, algo muy fácil al usar materiales biológicos y biodegradables.
La motocicleta Be.e consta de un marco de un compuesto BioBased, que es un material realizado de sustancias derivadas de organismos vegetales que son completamente biodegradables. Este tipo monocasco crea una estructura muy robusta y fuerte, que aguanta todos los tratos urbanos de una moto. Es casi imposible dañar esta estructura. Con esta base la empresa ha elegido componentes de alta calidad como el motor de 4kW alimentado por una batería de 48V, que tiene una vida de ocho años o 2.000 ciclos. Este conjunto proporciona una velocidad más de 55km/h y una autonomía aproximada de 55 kilómetros. Además cuenta con frenos de alta gama, LEDs, un cargador USB, un soporte para el smartphone, cruise-control, un seguimiento por GPS, la marcha atrás y el servicio en ruta.
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La nueva BOLSA de PLÁSTICO ¿"BIODEGRADABLE"?
Es esto posible?
Bolsas de yuca que al llegar al mar se disuelven en el agua
El biólogo indonesio Kevin Kumala diseñó unas bolsas hechas de yuca que son 100% biodegradables y que al contacto con el agua, se disuelven y se convierten en alimento y bebida.
Kevin Kumala nació en Balí, Indonesia. Pasó su infancia recorriendo las paradisíacas playas de ese país del Sudeste asiático, regocijándose con su belleza y pureza. Abandonó su país durante diez años para estudiar bilogía en Estados Unidos. Pero lo que vio al regresar en el año 2009 lo dejó atónito: las playas de su infancia eran ahora basureros irreconocibles.
El indonesio le dijo al diario Southeast Asia Globe que “cuando me iba a surfear o a bucear, esto ya no representaba un placer para mí. Encontraba plástico en cualquier lugar que visitaba en Bali. Esto se convirtió en algo muy frustrante para mí”. Por eso, Kumala decidió hacer algo.
Sabía que en un mundo que bota al mar ocho millones de toneladas de plástico al año, decirle a la gente que dejara de consumir productos desechables era un proyecto a largo plazo, y que por eso, debía ingeniárselas para diseñar una solución en el corto plazo.
Fue así como surgió Avani Eco, una empresa que produce implementos que son similares al plástico a la vista y al tacto, pero que están hechos con productos 100% biodegradables. La idea es tan innovadora que este año recibió el premio “Most Valued Bussines Indonesia”, que premia a las iniciativas más responsables con el medio ambiente en ese país.
Su producto bandera es una bolsa hecha con almidón de yuca. Indonesia produce cada año 25,2 toneladas de este tubérculo, y usándolo, Kumala se ideó una bolsa tan resistente como las convencionales pero que, al llegar al mar, se disuelve y no deja ningún residuo tóxico. En tiempo máximo durante el cual la bolsa existe es de 100 días. Una bolsa plástica regular puede tardarse hasta 400 años en desaparecer.
Avani Eco, la compañía que fundó hace tres años, crea además productos hechos con materiales como la caña de azúcar y la maicena. Pitillos, cajas portables de alimentos, envases para llevar el café, saleros y pimenteros, vasos y cubiertos son algunos de los productos que Kumala ha diseñado.
Si bien la iniciativa ha sido aplaudida en diversos escenarios, está claro que lo que hay que atacar es la raíz del problema: el consumo excesivo de plástico en las sociedades industrializadas. Y es que, en este sentido, los datos son alarmantes: en enero de 2016, un informe de la Fundación Ellen MacArthur reveló que si la humanidad no se detiene, para el año 2050 el plástico presente en el océano pesará el doble que los peces que allí habitan.
Bolsas de yuca que al llegar al mar se disuelven en el agua
El biólogo indonesio Kevin Kumala diseñó unas bolsas hechas de yuca que son 100% biodegradables y que al contacto con el agua, se disuelven y se convierten en alimento y bebida.
Kevin Kumala nació en Balí, Indonesia. Pasó su infancia recorriendo las paradisíacas playas de ese país del Sudeste asiático, regocijándose con su belleza y pureza. Abandonó su país durante diez años para estudiar bilogía en Estados Unidos. Pero lo que vio al regresar en el año 2009 lo dejó atónito: las playas de su infancia eran ahora basureros irreconocibles.
El indonesio le dijo al diario Southeast Asia Globe que “cuando me iba a surfear o a bucear, esto ya no representaba un placer para mí. Encontraba plástico en cualquier lugar que visitaba en Bali. Esto se convirtió en algo muy frustrante para mí”. Por eso, Kumala decidió hacer algo.
Sabía que en un mundo que bota al mar ocho millones de toneladas de plástico al año, decirle a la gente que dejara de consumir productos desechables era un proyecto a largo plazo, y que por eso, debía ingeniárselas para diseñar una solución en el corto plazo.
Fue así como surgió Avani Eco, una empresa que produce implementos que son similares al plástico a la vista y al tacto, pero que están hechos con productos 100% biodegradables. La idea es tan innovadora que este año recibió el premio “Most Valued Bussines Indonesia”, que premia a las iniciativas más responsables con el medio ambiente en ese país.
Su producto bandera es una bolsa hecha con almidón de yuca. Indonesia produce cada año 25,2 toneladas de este tubérculo, y usándolo, Kumala se ideó una bolsa tan resistente como las convencionales pero que, al llegar al mar, se disuelve y no deja ningún residuo tóxico. En tiempo máximo durante el cual la bolsa existe es de 100 días. Una bolsa plástica regular puede tardarse hasta 400 años en desaparecer.
Avani Eco, la compañía que fundó hace tres años, crea además productos hechos con materiales como la caña de azúcar y la maicena. Pitillos, cajas portables de alimentos, envases para llevar el café, saleros y pimenteros, vasos y cubiertos son algunos de los productos que Kumala ha diseñado.
Si bien la iniciativa ha sido aplaudida en diversos escenarios, está claro que lo que hay que atacar es la raíz del problema: el consumo excesivo de plástico en las sociedades industrializadas. Y es que, en este sentido, los datos son alarmantes: en enero de 2016, un informe de la Fundación Ellen MacArthur reveló que si la humanidad no se detiene, para el año 2050 el plástico presente en el océano pesará el doble que los peces que allí habitan.
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